Lecturas trascendentales sobre historias irrelevantes #1

 Para muchos lectores de tebeos de superhéroes nacidos entre los años sesenta y ochenta, la década de los noventa del siglo XX suele ser referida como una de las más olvidables y menos recordadas, siendo objeto de críticas bastante negativas fundamentalmente en lo que a Marvel Comics se refiere. 

 Si bien es cierto que a raíz del éxito masivo de autores que vinieron a romper con las convenciones gráficas de la época se explotó hasta la saciedad el concepto de personajes hasta los topes de esteroides, toneladas de armamento, sexualización descarada, chaquetas marrones de cuero y cambios trascendentales en las indumentarias para seguir exprimiendo la fórmula, dejando toda posible sutileza en alguna caja de cartón y bien escondida, también se hicieron excepcionales historietas. Tras la marcha de Todd McFarlane, Marc Silvestri, Rob Liefeld, Jim Lee, Erik Larsen y otros tantos para fundar Image Comics, la búsqueda de autores clónicos para ocupar el enorme vacío que dejaron fue más evidente. Pero una década da mucho de si, y la propia Marvel (y la industria superheróica en su totalidad) pasó por muchas etapas durante esos años como para sentenciarla de manera global. Y aunque uno puede más o menos determinar si una historia o narrativa sufre o peca de ritmo, comprensión, coherencia, continuidad o sentido común, al final es absurdo imponer una serie de convenciones sobre algo tan libre como el gusto personal en un medio tan potencialmente libre como el de los propios cómics. 

 Herb Trimpe, fallecido en 2015, fue un autor que empezó a trabajar para Marvel a finales de los años sesenta y hasta mediados de los noventa. Su estilo, claramente deudor del marcado por Jack Kirby o Steve Ditko, debería recordarnos que el ciclo de modas y adhesiones forzadas es algo que se viene emulando en el medio desde hace décadas. No es este el lugar para repasar su carrera, pero sí para explicar cómo precisamente el propio Trimpe decidió dar un giro radical a su arte en la segunda mitad de los noventa para tratar de asemejarse a la corriente estética de la época, descrita de manera un tanto capciosa en el párrafo anterior. En contra de lo que pueda pensarse, fue una elección voluntaria por parte del autor. Conste en acta la promesa de escribir más sobre él en otra entrada.


 Una de las colecciones donde pudo desatarse y probar suerte fue Fantastic Four Unlimited, depósito de historias que en ocasiones se distancian de la continuidad del momento en la serie principal o que sirven a veces de prólogo y otras de epílogo para determinados eventos desarrollados en múltiples cabeceras. La excusa para escribir este texto viene dada precisamente por una serie de reflexiones en principio inconexas tras la lectura del número 11, fechado en Septiembre de 1995 y último ejemplar de la serie. Sin ser memorable, tiene su interés dentro del ecosistema en el que se encuentra, ya que sirve como cierre para un crossover modesto en sus ramificaciones (se centra en las colecciones de Fantastic Four, Fantastic Force, Adam Warlock and the Infinity Watch y dos especiales con muchos personajes invitados) titulado Atlantis Rising. ¿Y qué pasa aquí? ¡Muchas cosas! Entre ellas que el reino de Atlantis es elevado hasta la superficie "gracias" a uno de los villanos más peligrosos de la compañía, Morgan Le Fey, la cual está basada en el personaje de las leyendas artúricas y que fue (re)creada por Stan Lee y el genial Joe Maneely como supuesta hermanastra del rey Arturo en 1955 y villana del Black Night original. En Rising la lía parda, tanto como para implicar un conflicto entre los propios atlantes, los inhumanos, Nathaniel Richards, el papá de Reed Richards aka Mister Fantástico y posteriormente desvelado como el hombre debajo de la máscara de otro gran villano, Kang el conquistador, a los que hemos de sumar a...Portugal. Luego vuelvo con esto :-) 

Estupenda portada de Claudio Castelinni 

 Sin entrar demasiado en detalle sobre los vaivenes de este pequeño crossover, lo que ocurre en ese nº11 de Fantastic Four Unlimited explica las consecuencias inmediatas, primero para los inhumanos que de nuevo han perdido su hogar y también para el excelso e irritable Namor el submarino, que se encuentra en las mismas circunstancias; su colección fue cancelada precisamente en un momento donde supuestamente se iban a contar todas estas historias, sirviendo finalmente de prólogo forzado para lo que luego se convertiría en el evento Atlantis Rising. ¿Tiene todo esto algo de especial? Pues dependerá de cada lector o fan. Obviamente hay implicaciones que se dejarán sentir en hechos futuros, otros tantos serán obviados e ignorados y en general sentiremos una sensación constante de deja vu por el tratamiento de personajes y tramas debido a la implicación de dos veteranos y adheridos a la escuela más clásica de Marvel como los guionistas Tom de Falco y Roy Thomas

 Es curioso pensar que en 1995 (imaginad treinta años después) ya existía una sobresaturación de personajes con serios problemas de continuidad, cambios radicales de personalidad, relanzamientos, éxitos, fracasos y todo lo que conlleva una maquinaria que obliga a desarrollar historias en un supuesto horizonte eterno con decenas de títulos mensuales, crossovers, especiales, series limitadas, universos alternativos, novelas gráficas, etc... Y a mi no es que me importe especialmente si todo encaja o no como un mecanismo de relojería en la siempre relativa y aceptada ilógica de este tipo de cómics, pero si te paras a pensar como lector y autor, las oportunidades para recurrir a momentos del pasado de los personajes (que no sean los totémicos) para arrancar o desarrollar historias nuevas e interesantes tanto en el presente como su pasado son virtualmente ilimitadas. Basta con elegir cualquier tebeo publicado en cualquier año y fijarse en cualquier escena irrelevante con personajes que están de paso para arrancar con una buena premisa. Desde hace años, estos pensamientos se me pasan a menudo por la cabeza, tratando de imaginar mientras voy leyendo sucesos que parten de situaciones bastante inesperadas e inexploradas. Pero a veces ocurre justo lo contrario, cuando tienes momentos que supuestamente deberían influir en los personajes más allá de las pocas viñetas o páginas donde se presentan ciertos hechos. 

 Por ejemplo, estas dos páginas del ya referido Fantastic Four Unlimited 11 en su segunda historia, escrita por Thomas y dibujada y entintada por Trimpe:



 A pesar de que existen mil maneras de poder enfocar esa escena, no hay duda que pese a los clichés narrativos y el drama facilón, tiene su impacto si tratas de ponerte en el lugar del pobre muchacho, que es realmente lo que me sucedió tras leerlo, pero carece de importancia en el esquema general porque tras dos páginas, eso es todo amigos. Sin menospreciar los talentos de Roy Thomas y acudiendo a autores coetáneos dentro de la propia Marvel, tenemos al británico Chris Claremont (quizá el autor más importante en toda la historia de los mutantes), capaz de hacernos empatizar con personajes-víctima en apenas cuatro viñetas y que podamos recordar su nombre al día siguiente. Volviendo entonces a las ideas para historias, pienso que este hecho aislado podría ser un punto de partida o núcleo para una de ellas. 

 ¿Pero qué pasa con Portugal? Bueno, juzgad vosotros mismos:




 Me parece gratuito y bastante chistoso que de repente tengamos a su embajador para las naciones unidas comportándose como un ominoso villano de tercera; tan fuera de lugar que me ha hecho indagar sobre sus relaciones con EEUU en 1995, donde realmente no veo nada más reseñable que la elección como primer ministro de António Guterrez. El "embajador Catarino" debe tener relación directa con Pedro Manuel dos Reis Alves Catarino, quien fue el representante permanente de Portugal de la ONU en 1992. Pero lo verdaderamente relevante es el conflicto y la respuesta también villanesca (pero más ajustada a la realidad si cabe) de los norteamericanos: Atlantis ha emergido en las Azores (región autónoma de los lusos) y aunque legítimamente su gobierno debería encargarse de lo que ocurre, a USA se la trae al pairo, como veis, en una escalada militar en la que desde luego nadie sale bien parado en términos éticos y que nos recuerda la historia y el presente de ese país. 

 Dos escenas irrelevantes en la historia de Marvel que me llamaron la atención leyendo un cómic bastante olvidable (aunque la primera historia sí es bastante entretenida y mucho mejor narrada, dibujada por Doug Braithwaite) que os traigo aquí abrazadas por un largo preámbulo; bienvenido a Omnívoros REDUX.



Comentarios