Consideraciones literarias y audiovisuales (2025)

                                                                            Con la venia
 

Es la última entrada del año, estas cosas llevan su tiempo y hoy es uno de esos días con quehaceres varios, así que aglutino de forma ligera un año especialmente influenciado por mi paternidad, donde cómics, libros, series y pelis para y junto a mi hijo han copado un porcentaje considerable en el cómputo global.

La decana Elektra Comics cerró sus puertas en la calle San Bernardo pero se trasladó a un nuevo local, más pequeño pero repleto de tesoros y novedades como siempre, en Fray Luis de León nº14, mucho más cerca de donde vivo ahora. Hablamos de Madrid capital, si. Y así, con toda la ilusión del mundo se produjo la primera visita con el pequeñajo a una tienda de cómics y su primera bolsa cargada de aventuras cuánticas con Spider-Man (excelente, excelente y súperdivertida historia de Mike Maihack), las aventuras del perro Ideafix y los irreductibles, las aventuras clásicas de Superman y Batman (reediciones facsímil súper chulas de los años 40 y 50 del siglo XX), tebeos de Hulk (uno de sus personajes favoritos) y cómo no, la última aventura del Tío Gilito. Todo esto junto con cuentos de caracoles que van al espacio, historias sobre concursos de caca, muchos dinosaurios y la estupenda colección monstruosa de Meritxell Martí y Xavier Salomó, han llenado estanterías y procurado bellos momentos que ahora son bellas memorias.

Teniendo prácticamente todas mis cosas en un trastero (que no me pilla muy a mano, tampoco) y con mucho cuidado de no acumular prácticamente nada donde vivo ahora, puedo destacar la exigente lectura de Historia social del cómic, por Terenci Moix. Y tengo el tomo enorme de Mujer Salvaje por Tom Tirabosco o la Realidad a la piedra de Joaquín Reyes a pocos centímetros de donde duermo. Podría atisbar incluso el descatalogadísimo Made in Los Ángeles de Moebius. O las obras completas de Cervantes, Galdós, Goethe, Dante, Balzac, Proust. Masa y poder de Canetti también. Los veo, os lo prometo, porque están ahí.

Y ha sido un año muy digital también, leyendo tebeos clásicos (legalmente, eh) de Marvel, Spawn, o Creepy. Donde se me han acumulado también las novelas de Vampire Hunter D escritas por Hideyuki Kikuchi e ilustraciones y diseño de Yoshitaka Amano

Un año de cine con el peque (Ponyo en el acantilado en verano y hace bien poco con la curiosa (pero un poco peñazo) Zootrópolis 2). Qué bien tener también súper cerca el Cine Embajadores y que alegría comprobar que siguen a tope después de unos duros comienzos en plena pandemia. ¡Bravo!

Qué bien también la existencia de Anime-Box y su catálogo que da en el clavo, repleto de clásicos en versión original y también cine fantástico o de acción real. No les voy a dar más el coñazo, recomendando si acaso que veas Shin Godzilla y City Hunter por primera o séptima vez, tanto da. Y que no te olvide de echarle un ojo a Paranoia Agent, Venus Wars, el Ranma 1/2 original, Samurai Champloo, Heidi, qué maravilla. Y acabar el año, todo pocho si quieres, con Perfect Blue.

Ya no doy más de si. Feliz año y a ver qué tal se nos da. 




 

Comentarios